martes, 5 de noviembre de 2013

Mi experiencia de vida en Haití - Una tierra que necesita de nuestra oración

Haití, una nación que necesita de Dios
Amados, iglesia del Señor, gracias le doy a Dios por permitirme registrar en unas pocas líneas lo que siente un corazón que fue mirado a misericordia un día por el creador y que hoy cumple uno de los propósitos para lo cual fue llamado al conocimiento de la verdad, esa verdad que al tenerla nos hace libre y nos da la vida eterna, la que debe ser transmitida, compartida y enseñada a toda la creación, para que ellos también tengan la oportunidad de la salvación. Hoy me encuentro, en un país lejano, a más de nueve mil kilómetros de lo que más amo en esta vida, mi familia y mi iglesia, la Unida Metodista Pentecostal de Punta Arenas y este no es un país cualquiera, se trata de la nación más pobre de Latinoamérica y una de las más pobres del mundo, Haití.
Hace veinticinco años atrás, por motivos laborales, tuve la bendición de conocer a muchos africanos, de diferentes nacionalidades, y el denominador común de todos ellos era la humildad, la necesidad, la pobreza, la miseria, la carencia, en todo sentido, tanto material como espiritual y, en ese entonces, nació en mi corazón el anhelo de poder un día ir en ayuda a esa gente, hablarles del Dios maravilloso que yo había conocido; jamás imaginé que ese deseo se me cumpliría por partida doble, pues ya es la segunda vez que tengo la oportunidad de estar acá, será en total un poco más de un año que estaré cumpliendo esta labor, naturalmente, en lo material, como un soldado más de la ONU (casco azul), ayudando a mantener un entorno seguro y estable, pero también como un soldado de Jesucristo, si bien es cierto no es África donde estoy, pero las condiciones de esta gente son muy similares a las que están viviendo ellos allá, en los países llamados del tercer mundo, además el color de su piel es el mismo.
El impacto inicial de esta experiencia fue muy fuerte y desgarrador, para enfrentarse a esta realidad se debe estar apercibido de la gracia de Dios, puesto que Él nos ha dotado de un corazón sensible y sin duda no hay nada más terrible e impactante, para un hijo de Dios, ver a niños que mueren de hambre, de sed, de SIDA, de cólera, etc.; y esta fue la realidad a la que me vi enfrentado la primera vez; pienso que nadie en Chile se imagina que acá hay muchos niños que hasta los 7 u 8 años andan completamente desnudos, que en vez de un pedazo de pan, muchas veces para saciar el hambre comen un trozo de barro, si un pedazo de aquel barro que se genera después de una lluvia en algún pozón, el cual una vez seco, por la acción del sol, se forma como una costra que se descascara, luego la gente va y los recoge y, esto es lo increíble: los venden, si los venden, a un valor ínfimo, pero los venden. Existen, además, situaciones atroces de las que me ha tocado vivir que no pueden ser contadas o relatadas, porque no es grato, ni saludable para el alma, tener que recordarlas y menos escribirlas.
Como “anécdota”, les puedo contar que acá en las calles o en las casas es muy difícil ver perros o gatos, se han de imaginar el por qué; en nuestra base, tenemos un perrito de mascota, el que fue rescatado no sé cómo de alguna cena familiar por ahí y él, con su instinto de animal solamente, no se atreve a salir a la calle, como presintiendo cuál sería su fin y, un dato curioso, saben que este can no come carne, pan, etc., pero sí se le ve comiendo palos o cosas similares, es obvio, nunca conoció otro tipo de alimentos.
Actualmente, esta realidad ha cambiado un poco, la acción de muchas ONG, la misma labor que cumple la ONU, desde el 2004 a la fecha, ha tenido algunos frutos, pero todo esto es efímero, momentáneo, es como estar reteniendo el líquido de un recipiente roto con la mano, uno saca la mano y el líquido se cae, porque lo que esta nación necesita es algo más que ayuda humanitaria, es más que soldados resguardando el orden público en las calles, es más que médicos sin fronteras, es más que cruz roja internacional, es más que la acción del programa mundial de alimentos, etc., lo que esta nación necesita es a DIOS obrando en sus corazones, necesitan ejércitos de soldados de Jesucristo dispuestos a enfrentarse al diablo y sus huestes, a la cultura haitiana, a la corrupción, la idolatría y a la miseria, para anunciarles las virtudes de aquel que un día nos sacó a nosotros de las tinieblas a esta luz admirable y que tiene el poder para transformar vidas, necesitan conocer a aquel que cuida y alimenta de las aves del cielo, al que viste de hermosos colores a la hierba del campo; es lo que este país necesita URGENTEMENTE, CONOCER A DIOS.
Esto último es muy evidente, porque al salir a la calle, todo el mundo, especialmente los niños, lo único que hacen es pedir, pedir y pedir, no saben otra cosa más que pedir; dame pan, dame agua, dame ropa, dame mochila, dame ración de combate (nuestro alimento envasado que se nos suministra cuando se sale si retorno al cuartel para almorzar o cenar), créanme que hay muchos que prefieren no comer y regalan sus raciones, es que no se puede de otra manera; si no llevas nada evidente para pedírtelo, ellos te preguntan ¿qué tienes para darme?, y he aquí una de las experiencias más reconfortante para el hijo de Dios, porque lo que uno anda trayendo consigo es siempre limitado y jamás va a alcanzar para todos – de hecho aún no he podido regalar tres muñecas Barbie, las que mi hijita menor guardaba como un recuerdo preciado de su niñez y las colocó en mi mochila, con sus ojitos llenos de lágrimas, el día que me venía, diciéndome: “papito para que se las regales a tres niñitas haitianas”, no lo hago aún porque siempre hay más de tres niñas y sería cruel dejar a otras mirando, pero debo hacerlo – es en estas circunstancia que alabo a mi Dios maravilloso, porque al no llevar nada material para entregar a esta gente, especialmente los niños, está la oportunidad de decirles algo extraordinario, que yo tengo algo de mucho valor para compartirles y que esto sí les va a brindar mucho beneficio y les puedo hablar del amor de mi Jesús maravilloso, quien murió un día en cruenta cruz para salvar al mundo y a naciones como Haití, de hecho un día cuando realizaba instrucción física militar y salimos a trotar a un campo de naranjales, cercano al cuartel, me aborda un grupo de pequeños para pedirme algo, le consulté al mayor si podía traducirles del francés al creol a los más pequeños, su lengua natal, me dijo que si, y les explico que no llevo nada para darles, pero les ofrecí poder orar por ellos y gustoso lo aceptaron, en ese mismo lugar pude clamar al cielo por bendición para estos niños, quienes al terminar se colocaron tan felices, que saltaban y corrían a mi lado, me abrazaban y me daban las gracias una y otra vez, no les había dado nada material, pero ellos sintieron, sabían y entendieron que habían recibido algo superior.
El tema del idioma no es una gran barrera acá, porque la necesidad de comunicar sus carencias, al ser humano lo obliga a buscar la forma de aprender la lengua que requiere para poder relacionarse con los demás y esto es increíble, porque no es extraño ver a pequeños que hablan dos, tres, hasta cuatro idiomas y, muchos de ellos, sin ir a la escuela; esto lo hace la necesidad.
Hay algo que es sorprendente y en esto se cumple fielmente lo que dijo nuestro Señor Jesucristo: “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”; porque es increíble constatar, como todo la gente nombra a Dios en todo y para todo, y en esto no creo que exista otro lugar en el mundo que se proceda de esta manera, ya que, por ejemplo, prácticamente todo el comercio, es decir los nombres de los locales comerciales hacen alusión a un texto bíblico, o palabras bíblicas y, con grandes letras, se puede ver: “Jehová”, “Salmo 23”, “Jesús te ama”, “Espíritu Santo”, “Eternal”, “Bondad”, “Paciencia”, “Cristo vive”, “El buen pastor”, etc., etc., realmente es impresionante, lo mismo ocurre con la locomoción colectiva, los famosos “tap-tap”, por todos lados llevan escrito y pintadas estas palabras, pero lo triste de todo esto es que no las tienen escritas en sus corazones. La religiosidad de este pueblo es muy alta (80% católicos y 20 % protestantismo) y eso es un gran problema, muy devotos para asistir a las iglesias los domingos, muchas iglesias cristianas, pero sabemos que la religión no puede cambiar al mundo. Otro aspecto muy negativo para esta gente es que cerca del 80% de la población cree o practica el vudú, rito religioso mezclado con hechizos heredado de sus ancestros, muchos pueden asistir a las iglesias y después también asistir a un ritual de éstos, para la gran mayoría es una religión más, de hecho fue utilizada como religión oficial de Haití por parte del gobierno de losDuvalierpara reforzar el poder de su administración, dada la popularidad de esta creencia e incluso su importancia en la historia del país. He aquí la explicación del por qué una nación que hace unas decenas de años atrás fue tan próspera, hoy es lo que es. Necesitan urgentemente conocer a Jesús, no sólo hablar de Él y pintar su nombre en las casas comerciales o en los vehículos.
Agradezco a Dios por su amor y por este tiempo, quiero terminar estas líneas animando a mis hermanos, en primer lugar a que valoren y sean agradecidos por lo que Dios nos ha concedido como país y en segundo término a que puedan orar por esta nación, que se hagan rogativas a nuestro creador para que vengan tiempos distintos para esta gente, no digo mejores, porque es difícil que así sea, pero si pueden ser distintos, que conozcan y entiendan que puedan vivir estos crueles y últimos días terrenales, con la esperanza que un día tendrán una vida mejor, una recompensa que será eterna allá en los cielos.
Finalmente no puedo dejar de agradecer, al Creador, por la oración de muchos pastores y hermanos, de distintas iglesias, que han intercedido por este pequeño, agradecer a Dios por mis amados hijos que han tenido que sufrir mi ausencia, Jacob, Francis y Francisca, pero especialmente por Claudia Clasing Paredes, mi amada esposa, quien ha debido tomar mi rol en el hogar y sin su compresión e incondicional y permanente apoyo no podría estar cumpliendo con esta noble y bella misión, sin duda se ha cumplido en mí lo que dice en Proverbios 18:22 “el que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová”
Al comenzar estas líneas comenzaron también a rodar lágrimas por mi mejilla, ya estoy cerrando la presente y éstas no paran de rodar, no es fácil estar acá, no es fácil alejarse por tanto tiempo de la iglesia y de la familia, no es fácil ver lo que se ve, no es fácil cuando llega la noche y viene a la mente el recuerdo de los seres amados y la añoranza de querer y necesitar estar con ellos, pero no están…, no obstante hay alguien que renueva sus misericordias cada mañana y me levanta y me da fuerzas para enfrentar un nuevo día, a Él sea toda la honra y toda la gloria.

Bendiga Dios al pueblo haitiano

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