domingo, 16 de marzo de 2014

HAITÍ - SEGUNDA CRÓNICA

MI EXPERIENCIA DE VIDA EN HAITI (2)
Apreciados hermanos en el Señor, en primer lugar, agradezco a Dios por estos casi seis meses que han pasado, desde que dejé lo más valioso que tengo en esta tierra, mi familia y mi iglesia, para cumplir con esta noble labor, de contribuir con un granito de arena a la paz de una nación que tanto lo necesita, como lo es Haití. Así mismo, reconozco a mis amados pastores e iglesia en general, por el apoyo brindado permanente, por sus oraciones y su constante preocupación hacia mi familia; gracias doy al Creador porque su mano poderosa me ha sustentado, no cabe duda, su misericordia me ha alcanzado cada día, me parece que ayer llegué al área de misión y hoy ya estoy pronto a retornar al lado de mis seres amados, a mi congregación, a mi Chile.

MUJERES DE HAITI

Mujeres de Haití
La misión está finalizando, el aroma a hogar como que se comienza a percibir, los sentimientos son encontrados, la ansiedad también se apodera de nuestras mentes y corazones, por las noches comienzan esos sueños de cómo será el reencuentro con la esposa, los hijos, hermanos, etc.; la emoción embarga mi corazón, por un lado hay alegría, contentamiento, regocijo; pero por otra parte hay nostalgia, añoranza, tristeza, preocupación por el futuro de este pueblo; comienza la reflexión e infinitas preguntas vienen a la mente, como ¿hasta cuándo habrá tanta miseria?; ¿vendrá un gobierno altruista que se preocupe por la necesidad del pueblo haitiano y no por sus propios intereses?; ¿seguirá llegando ayuda humanitaria, que al final cae en manos de inescrupulosos que hacen negocio con ella?; ¿tendrá la capacidad esta nación para organizarse y salir del submundo en que viven?; ¿seguirán niños muriendo de hambre o por falta de atención sanitaria?; etc.
A decir verdad, humanamente es improbable que todas estas interrogantes tengan una respuesta positiva, es una triste y cruel realidad, sería una quimera pensar que todo va a cambiar, pero viene a mi mente, y esto alienta la esperanza de los que deseamos el bien para Haití, cuando Abraham, a sus noventa y nueve años, era visitado por tres varones mensajeros del Dios Altísimo, para decirle que su esposa estéril y ya anciana le daría un hijo, en quien tendría una descendencia incalculable, como las estrellas del cielo o como la arena del mar; Sara, escuchando esto cerca de la puerta de la tienda, se rió diciendo para sí: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?; la verdad es que realmente no existía ninguna posibilidad que esto ocurriera, ni la más remota, pero Jehová dijo a Abraham, después de reconvenirle a causa de la risa de Sara: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Por otra parte, en Lucas 18:27, muchos siglos después, nuestro señor Jesucristo nos señala: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”. Todo esto me lleva a creer y a confiar que esta nación sí tendrá tiempos de refrigerio, nuevos aires y nacerá para ellos el sol de justicia; por lo demás, hay algo sumamente importante y extraordinario, y es que para este pueblo, según Lucas 6:20 y 21, hay un gran consuelo, hay una noticia maravillosa, porque el mismo Jesús lo dijo: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”; luego añade: “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”. A la luz de las sagradas escrituras, y aunque parezca una paradoja expresarlo, podríamos decir que esta es una de las naciones más bienaventuradas del mundo, pero visto con los ojos terrenales cuesta creerlo, no obstante, sinceramente, me asiste la certeza absoluta que las naciones del tercer mundo, aportarán más ciudadanos para el reino de los cielos que todos los países desarrollados de la orbe, quizás en una proporción 100 a 1, o tal vez superior, sólo que hay que indicarles el camino.

Uno de los juguetes en Haití
Vaya para el pueblo cristiano, de naciones como la nuestra, un buen e inquietante motivo o tema para reflexionar, ya que conociendo realidades como la de este país, se logra tener un buen punto de referencia, para evaluar nuestra actual y real condición como hijos de Dios; porque basta estar un día o quizás sólo horas en este lugar; caminar por sus calles y sentir esos olores nauseabundos; ver mujeres y niños deambular de un lugar a otro, como buscando algo que saben que no encontrarán; ver que en un mismo lugar coexisten seres humanos, basura, cerdos, ratas, etc.; para darnos cuenta que no sabemos agradecer, porque, muchas veces, en la comodidad de nuestros hogares, reclamamos por cosas tan ínfimas y triviales, y andamos tristes y amargados, nos sentimos derrotados y poco menos que olvidados de Dios, porque el día no fue bueno, porque el dinero no alcanza para adquirir bienes que no son de primera necesidad, no poder ir de vacaciones y cuantas situaciones, del diario vivir, increíblemente simples e insignificantes que nos agobian y complican la existencia; creemos que somos los más dignos de conmiseración del mundo; pero saben, siento contarles, por ejemplo, que acá en Haití hay mujeres que tienen que caminar kilómetros, con grandes depósitos en su cabeza, llenos de ropa sucia, para llegar a un río donde poder lavar sus prendas a mano, la poca que tienen, para luego secarla en el suelo sobre piedras, y esa es labor de todo un día; contarles que hay mujeres que todos los días se levantan a las tres de la madrugada, caminan kilómetros cargando grandes pesos sobre sus cabezas para llegar a vender sus cosas al centro de la ciudad, y poder así comprar o canjear cualquier producto que les sirva como alimento para sus hijos; lo mismo para conseguir agua, no existe el agua potable, este bien lo obtienen de pozos que están a buena distancia de sus hogares, a veces kilómetros, y se vuelve a observar mujeres y niñas con pesados depósitos, del vital elemento, sobre sus cabezas, no sé de dónde sacan fuerzas; acá existen millares de personas, sobre todo niños, que su gran problema es que no han comido alimentos hace días, y que no saben cuándo tendrán esa posibilidad, hay muchos que mueren esperando que esto suceda, sin embargo se les ve felices jugando con juguetes hechos con sus propias manos, utilizando botellas plásticas y tapas para simular un auto; permanentemente se ve merodear a las personas mascando un pedazo de caña de azúcar, ya que es lo más barato que pueden conseguir; no existe el alcantarillado, todo lo que sea desecho líquido o aguas servidas, queda sobre la superficie o escurren por un tipo de canal que se construye, para tal propósito, a lo largo y a la orilla de una calle; no existe la recolección de basura, esta se acumula en cualquier lugar de una calle, donde los cerdos, otros animales domésticos y ratas tienen su festín, para después quemarla; no hay luz eléctrica, etc., etc.
Todo lo anterior afecta prácticamente al 70 % de la población, que es la que vive en calidad de extrema pobreza, el desempleo supera al 60 %. La organización del estado es muy incipiente y frágil, sin la capacidad para poder estimular el progreso en las instituciones fiscales o para ejercer un control eficaz en las áreas de su competencia, faltan herramientas para levantar estadísticas y poder introducir mejoras en la estructura y administración estatal, en fin, ni hablar de la educación o la salud; cuando una persona fallece, puede pasar semanas en una morgue, porque sus deudos no tienen los medios para darle una digna sepultura. Créanme que podría estar horas y horas relatándoles sobre la cruel y triste realidad de una nación destruida y sumida en la miseria como Haití.

Niños de Haití
Ahora bien, una y mil veces vienen a mi mente una batería de interrogantes, las cuales quiero compartir con ustedes, como por ejemplo: ¿Tendré motivos para ser un agradecido de Dios?; ¿estoy retribuyendo al Creador en la misma medida que me ha bendecido?; ¿estoy socorriendo a los más necesitados?; ¿cuál es la razón para que existan realidades tan dramáticas como estas en el mundo?; ¿será que Dios se vale de esto para ver cuánto hacemos, los que nos llamamos cristianos, por el prójimo que es menesteroso?; ¿cuál es el propósito por el cual fuimos sacados de las tinieblas a esta luz admirable?; ¿cuál es mi condición y mi vínculo con el reino de Dios?; etc.
Para dar respuesta, en conciencia y sin auto engañarse, a todas estas incógnitas, es saludable, para el alma del cristiano, tener muy en cuenta las palabras de Jesús, enseñando a sus discípulos, sobre el juicio a las naciones, en Mateo 25, Vs. 34 al 40, cuando les decía: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”; oro a Dios, para no encontrarme aquel día a la izquierda del trono de gloria del Hijo del Hombre.
Al terminar mis palabras, deseo y pido a Dios que esta experiencia le pueda servir a muchos, para crecer o fortalecer cualquier área de su vida espiritual, sobre todo cuando el enemigo nos asusta con pequeñeces, o tengamos que enfrentar alguna prueba, porque es necesario que estas vengan, y así sea probada la autenticidad y calidad de nuestra fe. Les insto a no desmayar, no bajar los brazos, erguir nuestra mirada y observar, por la fe, más allá de donde nuestros ojos pueden ver, por una parte contemple la majestad de la gloria que le espera y, por otra parte, compare su vida con la de esta gente, y se dará cuenta que, a pesar de todas las vicisitudes que pueda estar sufriendo, usted se encuentra mil veces mejor que ellos, usted ya está viviendo en la gloria.

Calles de Haití

Si en alguna medida se han sentido sorprendido, conmovido o tocado por la crudeza de este relato, se pueden imaginar lo que se siente vivirlo, hay situaciones que simplemente no se logran describir con un lápiz y un papel. No se olviden que en Haití existen millones de personas, valiosas para Dios, que necesitan de usted.
Reciba el Señor toda la honra y la gloria.
Hermano Frans Torres Caballero

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